viernes, 31 de mayo de 2019

Mi tercera persona

Pasan otro y otro día mas frente a mi ventana,
la gente disfruta de su paseo,
felicidad y disfrute en sus caras veo.
Pero algo gris ahoga la mañana,
algo que nadie puede esperar.

Yo, desde mi ventana encerrado en esta jaula
veo la vida envejecer,
a la vez que envejezco yo.

Todo y todos pasan desapercibidos a mi alrededor
mas solo debo pensar que poco a poco,
estos barrotes que me impiden alejarme pierdan fuerza
y consiga de una vez escaparme de esta vida,
que solo yo sé de lo que va.

Yo, que lo veo todo desde una barrera impuesta por el destino,
ese que decidió que el infierno llegara antes
para merecerme el cielo.

El cielo, para mí mi cielo sería dejar atrás los malos momentos,
esos momentos de marginación,
esos en los que no me creí apoyado por mi familia,
aquellos momentos en los que ni yo mismo decidí apoyarme
esos, que no deseo que nadie pase.

Por eso, el que sufrió en su propia piel las putadas de la vida
se resigna hoy dia.
Me resigno a pensar que estas experiencias
son la pura realidad, aquella de la que un día decidí escapar.

Y por qué decidí escapar os preguntareis.
Sencillamente para huir,
huir de lo que es la responsabilidad de lo que es encarar al destino
y apechugar.

5 años se cumplen de mi encierro,
un encierro que no veía necesario,
pero que la vida me impuso.

Ahora miro la vida con otra cara,
una que ansia el regreso a la normalidad,
esa que deseaba volver a sentir el calor del sol,
esa que quería comerse el mundo
pero que no se lo comieran a el.

La soledad es el ultimo sentimientos que deseo experimentar,
un sentimiento que padecí,
pero sin sentido,
pues jamas estuve solo, siempre estuve conmigo mismo.
Estuve con el apoyo de la gente que me quiere,
esa que siempre estuvo ahi,
mi familia.

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